Origenes e Historia de los Kamikazes

¿Se han preguntado alguna vez de donde viene la palabra kamikaze? Seguro que sí, y aunque la respuesta parece bastante obvia, no es correcta. Kamikaze es una interpretación errónea que hicieron los traductores estadounidenses de la palabra correcta que sería algo así como “Shinpu”.
La palabra se extendió de esta manera y pasó a considerarse mundialmente válida para cualquier acto de suicidio, con el objetivo de dañar o destruir algo. El término correcto, y el usado en japón es Shinpu tokubetsu kogeki tai, o de forma resumida, tokkotai.

Los kamikazes se hicieron populares a partir de la creación de un cuerpo especial con este fin, a mediados de 1944, dos años después de Pearl Harbor, suceso muy polémico y aún considerado por algunos como un hecho exagerado por los estadounidenses para declarar la guerra a Japón. Para los japoneses poder convertirse en un kamikaze era un honor, y las creencias tradicionales de la época (sintoísmo) que veneraban el suicidio como un rito sagrado, hacían que el suicidio de los kamikazes fuese visto como algo divino.
Cuando un kamikaze moría, pasaba a ser un espíritu guardián del país. Los publicistas japoneses y los escritores también publicitaron la imagen sagrada del kamikaze, atribuyéndoles hechos falsos y exagerando sus hazañas.
Antes de la salida de cada piloto a su última misión, se llevaban a cabo ceremonias en las que se les entregaba la bandera del sol naciente, con inscripciones espirituales, una pistola o una katana y una copa de sake o té antes de despegar, para envalentonarlos. Los pilotos usaban además una banda con el sol naciente y una senninbari, una «cinta de mil puntadas» tejida por 1.000 mujeres que hacían una punta cada una.
Los pilotos componían además un jisei no ku, (poema compuesto cercano a la muerte), tradición que efectuaban los samurái antes de cometer seppuku o harakiri. Llevaban plegarias de su familia y se les concedían varias condecoraciones militares.

Los aviones suicidas trataban de volar lo mas cerca del nivel del agua para no ser detectados por los radares. Para el ataque suicida, tenían prioridades. En los portaaviones, el mejor blanco era el elevador principal; seguían luego, en orden de preferencia, el elevador de popa o el de proa.
En cuanto a los demás tipos de grandes unidades de guerra, el mejor blanco era la base del puente de mando. En destructores y buques pequeños de guerra y de transporte, un impacto en un punto situado entre el puente de mando y el centro del navío solía producir su hundimiento.
El primer y único instructor de este grupo de élite, el vicealmirante Onishi, envió la última brigada de kamikazes bombarderos un día antes de la rendición de Japón, el 14 de agosto de 1945. El día 15 se hizo público el rendimiento de Japón y Onishi se suicidó por medio del seppuku o harakiri. Su último legado fue este escrito, que dictó en su agonía:
“Deseo expresar mi profundo aprecio a las almas de los valientes atacantes especiales. Ellos lucharon y murieron valerosamente, con fe en nuestra victoria final. En la muerte, quiero purgar la parte que me toca en el fracaso de no lograr esa victoria y pido disculpas a las almas de esos pilotos muertos y sus acongojadas familias. Deseo que la gente joven de Japón encuentre en mi muerte una moraleja. Ser temerarios solamente favorecerá al enemigo. Deben inclinarse con la mayor perseverancia ante el espíritu de la decisión del Emperador. Ustedes son el tesoro de la nación. Con todo el fervor de espíritu de los atacantes especiales, luchen por el bienestar de Japón y por la paz en todo el mundo.”
Según cifras oficiales, el número de barcos hundidos por los kamikazes fueron 49.















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